ESTRATEGIA: pensar antes de avanzar

La palabra estrategia tiene un origen profundamente ligado a la conducción y a la toma de decisiones.

Según la Real Academia Española, el término proviene del latín strategĭa, que originalmente hacía referencia a una provincia bajo el mando de un general, y a su vez del griego στρατηγία (stratēgía), que significa “oficio del general”, derivado de στρατηγός (stratēgós), es decir, general o conductor de tropas.

Desde su origen, por tanto, la estrategia no se relaciona únicamente con la guerra, sino con algo más amplio: la capacidad de conducir un proceso complejo hacia un objetivo determinado.

A lo largo de la historia, este concepto ha sido desarrollado por distintos pensadores. El estratega chino Sun Tzu, autor de El arte de la guerra, señalaba que la victoria no depende únicamente de la fuerza, sino también de la preparación, el conocimiento del entorno y la anticipación.

Siglos más tarde, el teórico militar prusiano Carl von Clausewitz profundizó esta idea al definir la estrategia como el uso de los combates para alcanzar el objetivo de la guerra, subrayando que cada acción debe responder a un propósito mayor.

Aunque estos planteamientos nacieron en el ámbito militar, con el tiempo el concepto de estrategia se ha extendido a múltiples ámbitos de la vida: la política, la economía, la educación y también los proyectos personales.

En esencia, toda estrategia implica tres elementos fundamentales:

i.) Un objetivo claro
ii.) Un análisis realista de las condiciones.
iii.) Un plan de acción sostenido en el tiempo.

A partir de esta base conceptual, es posible comprender cómo la estrategia ha sido aplicada en distintos contextos históricos y profesionales.


I. El origen del pensamiento estratégico

La palabra estrategia proviene del griego strategos, que significa general o comandante del ejército.

Desde sus orígenes, el concepto no se refería simplemente al combate, sino a la capacidad de pensar antes de actuar.

Sun Tzu y el valor de la preparación

El tratado clásico El arte de la guerra, atribuido al estratega chino Sun Tzu, plantea una idea que ha atravesado siglos de pensamiento militar:

El general que gana una batalla hace muchos cálculos en su templo antes de librarla.

Esta frase resume un principio esencial: las victorias no comienzan en el campo de batalla, sino en la planificación previa.

Aplicado al ámbito formativo, esto significa que el ingreso a una institución militar tampoco comienza el día de la postulación. Comienza mucho antes, en la preparación académica, en la disciplina personal y en la claridad del objetivo.

La estrategia no elimina la dificultad.
Pero evita improvisar frente a ella.

Clausewitz y la relación entre medios y objetivos

Carl von Clausewitz, uno de los pensadores militares más influyentes de la historia, definió la estrategia como:

El uso del combate para alcanzar el objetivo de la guerra.

Esta definición subraya algo fundamental: la estrategia conecta medios con fines.

No basta con actuar.
Las acciones deben responder a un propósito claro.

En el proceso de postulación ocurre lo mismo. Entrenar sin conocer los estándares, estudiar sin comprender los puntajes requeridos o prepararse sin evaluar debilidades personales es actuar sin estrategia.

La energía sin dirección rara vez produce resultados.


II. Estrategia y formación del carácter

Aunque la estrategia suele asociarse a operaciones militares o planificación institucional, también tiene una dimensión personal.

Basil Liddell Hart y el enfoque indirecto

El historiador y estratega británico Basil Liddell Hart desarrolló el concepto de “enfoque indirecto”, una idea central en el pensamiento estratégico moderno.

Según Liddell Hart:

El objetivo de la estrategia es disminuir la resistencia del adversario antes del combate.

Esto significa que la estrategia busca crear condiciones favorables antes de enfrentar la dificultad.

En términos formativos, el principio es claro: prepararse con anticipación reduce la incertidumbre y aumenta la probabilidad de éxito.

El postulante que comprende el proceso de selección, que conoce los estándares y que se prepara con tiempo no elimina la competencia, pero llega al proceso con mejores condiciones.

La estrategia no sustituye el esfuerzo.

Lo orienta.

La disciplina como estrategia personal

En la vida militar la estrategia no se limita a decisiones de alto mando. También se manifiesta en la organización personal, la gestión del tiempo y la constancia en la preparación.

Planificar semanas de estudio, estructurar entrenamientos físicos, evaluar avances y corregir debilidades son decisiones estratégicas en escala individual.

Sin planificación, la motivación inicial se dispersa.

Con planificación, el esfuerzo adquiere dirección.


III. Estrategia y servicio institucional

El pensamiento estratégico no solo organiza acciones individuales. También orienta el funcionamiento de las instituciones militares.

Dwight D. Eisenhower y el valor de la planificación

El general Dwight D. Eisenhower, comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, expresó una idea que se convirtió en una referencia clásica:

Los planes son inútiles, pero la planificación lo es todo.

Esta afirmación no significa que los planes carezcan de valor. Significa que el proceso de planificación desarrolla la capacidad de anticipar escenarios, evaluar riesgos y ajustar decisiones.

En el ámbito militar, donde las condiciones cambian constantemente, la flexibilidad estratégica depende precisamente de haber pensado previamente las posibles alternativas.

La improvisación rara vez es señal de talento.

Con frecuencia es resultado de una preparación insuficiente.


IV. El error contemporáneo: confundir intención con estrategia

En muchos procesos de postulación aparece un error frecuente: creer que tener un objetivo equivale a tener una estrategia.

Decidir ingresar a una institución militar es una intención legítima.

Pero la intención por sí sola no define el camino.

Algunos postulantes concentran su preparación únicamente en el entrenamiento físico, sin considerar que el proceso de selección evalúa múltiples dimensiones.

Otros comienzan a estudiar intensivamente pocas semanas antes de las pruebas, suponiendo que el esfuerzo tardío compensará meses de preparación insuficiente.

También ocurre que muchos jóvenes desconocen los estándares reales de ingreso y enfrentan el proceso con información incompleta.

En todos estos casos aparece el mismo problema:

la ausencia de planificación estratégica.

La estrategia exige anticipación.

Exige análisis de requisitos.

Exige evaluar fortalezas y debilidades con honestidad.

Y exige comprender que la preparación eficaz no depende solo de la intensidad del esfuerzo, sino de la dirección correcta de ese esfuerzo.


V. Una definición formativa de estrategia

Podemos proponer entonces una definición aplicable al proceso de formación:

La estrategia es la capacidad de ordenar los esfuerzos presentes en función de un objetivo futuro.

Implica comprender el entorno, evaluar las propias capacidades y establecer un camino realista para alcanzar la meta.

No se trata de actuar más rápido.

Se trata de actuar con dirección.

En el contexto del ingreso a las Fuerzas Armadas, la estrategia significa preparar con tiempo las áreas evaluadas, comprender el proceso de selección y asumir que la constancia a largo plazo produce mejores resultados que los esfuerzos improvisados.


VI. La estrategia en la formación.

Si la estrategia consiste en ordenar esfuerzos para alcanzar un objetivo, entonces la formación premilitar debe cumplir precisamente esa función.

Preparar no significa únicamente entrenar o entregar contenidos. Significa orientar el proceso completo de preparación.

Evaluar diagnósticos académicos permite identificar brechas antes de que se conviertan en obstáculos.

Simular entrevistas y pruebas psicológicas permite anticipar escenarios que el postulante enfrentará durante el proceso real.

Estructurar planes de estudio y entrenamiento permite transformar la motivación inicial en progreso concreto.

La estrategia aplicada a la formación tiene un propósito claro: reducir la improvisación y aumentar la preparación real.

Porque el ingreso a una institución militar no depende únicamente del deseo de servir.

Depende de la capacidad de prepararse con inteligencia, constancia y disciplina.


VII. Reflexión final

El pensamiento estratégico ha acompañado a las instituciones militares desde la antigüedad.

Pero su principio fundamental es sorprendentemente simple:

pensar antes de actuar.

Para un postulante, esto significa comprender que la preparación no puede depender del entusiasmo del momento ni de esfuerzos improvisados.

Requiere planificación, evaluación constante y disciplina sostenida.

Querer ingresar es el primer paso.

Prepararse con estrategia es lo que transforma esa intención en una posibilidad real.

VIII. Estrategia y vocación

Cuando una persona define un objetivo exigente —como ingresar a una institución de formación militar— la estrategia deja de ser una idea abstracta y se transforma en una necesidad concreta.

En los procesos de postulación a las Fuerzas Armadas es frecuente escuchar una afirmación que parece razonable:

“Quiero ingresar, así que empezaré a prepararme.”

Sin embargo, al avanzar el proceso aparecen obstáculos que muchos postulantes no habían considerado con anticipación:
exigencias académicas, evaluaciones psicológicas, pruebas físicas, entrevistas personales o estándares institucionales específicos.

En ese momento surge una pregunta más profunda:

¿Existía realmente una estrategia para alcanzar ese objetivo?

Porque querer lograr algo no es lo mismo que planificar cómo alcanzarlo.

Reflexionar sobre la estrategia no es un ejercicio intelectual reservado a generales o planificadores militares.
Es una competencia formativa esencial, especialmente en quienes aspiran a ingresar a instituciones donde la preparación, la disciplina y la anticipación forman parte de la cultura profesional.

Comprender esto tempranamente permite transformar una intención en un proceso.

Y todo proceso serio comienza de la misma manera:

pensando antes de avanzar.


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